La Casa Azul

Restaurante típico con variados platos y especialidades de la cocina peruana.

Desayunos, almuerzos y platos a la carta-

Servicio de habitaciones y alquiler de espacio para instalar carpas, baño, ducha y agua caliente. WiFi, café.

Ambiente familiar como en casa.

Disfruta del mar a pocos metros de la casa azul y del ambiente internacional de Montañita. En Ecuador.

Dante Borrani

Chef 3er año escuela de Milán

Especialidad en inserción de sazón peruana en platos internacionales

Karina Acedo

Teléfono: 09673601

dborrani@hotmail.com

Papillon Restaurant Bar Creperia

 Una encrucijada entre disyuntivas que se sostiene prácticamente del vilo de eso mismo: que en ese caso, esto, y aquel caso, aquello y como no se sabe, justo en medio guardando estrafalarios equilibrios. Precarios.

Papillon es su propia historia. Nació sin querer de alguien que quería marcar con una señal la llamada operación mariposa. Pero había que disimular, y se diría en francés, para que nadie, pero nadie, supiese. Alguien creyó que era un restaurante y como era francés, estaba casi seguro de que era un lugar de encuentro para maricas, que en ese idioma se disfrazan detrás de las mariposas. Lógicamente dio pie al criterio para la referencia sustancial: “Si le digo la verdad, y tal y como están las cosas, es mantener los sutiles equilibrios de la razón por pautas en norma, que sería algo como decir que a alguien le preguntas con criterio selectivo si es marica para trabajar en el restaurante.” Luego pasa lo que pasa, que unos mienten y otros, no, y hay que ubicar a cada cual en su sitio sin tener más criterios de selección.

Lógicamente se apuntó de inmediato – disimulando, porque está detrás de la barra, – Gustavo Solís, quien tenía tan poco que ver con los maricas como con la cocina ‘pero estaba tan harto de la mariconería ambiente, que le pareció bien que se los metiese a todos en un sitio concreto.’ Lógicamente se fueron casi todos después. Gustavo Solís es el actual propietario del ‘ananas fourré’ una escandalosa historia de contraespionaje culinario y gastronómico que puso en peligro hasta la reputación del Bocuse. Todo en su momento.

 

Al final. En qué quedó todo ello? En que necesariamente semejante lugar precisa de una jefa de inteligencia para presentación o tarjeta de visita – con tanta señora desnuda merodeando ya da igual de qué modo se tratan las palabras -, que sería el papel asignado a la administradora Jeannette. Y la jefa del tugurio? Se ocuparía de la disyuntiva, porque quedaba más elegante.

Escandaloso momento en el que finalmente zona franca sucumbiría a las bulldozers o se salvaría de la ilusión de un premio ganado en sueños y ciertamente era todo mentira, engañando a Google. Qué hacer? El suave treparse de la liana por troncos irresueltos, sucumbiría a los criterios objetivos? Por favor y deprisa: un criterio estético único. Lo forjaron. Un cartel. Negro con rayas de diversos colores. Un sutil magnetismo diciendo los sin sabores del inconsciente brillantemente: sí. Eso era. “Café? No, gracias. Tengo una cita.” 

Así está  todo aun hoy, aunque merezca de algún comentario suplementario.

Presentándose debidamente, para empezar: Desayunos. Entradas y piqueos. Platos a la carta. Chef internacional. Ensaladas y pastas. Sandwiches y (h)amburguesas. Crepes de sal y dulces. Postres. Cócteles. Exóticos. Dirección y número de teléfono.

Propietaria: Alejandra Bedoya

en frente del Western Union, bajos del hostal Papaya