Protofruto Natina

Dijo que me diese una vuelta por su jardincillo, que había mangos y que me llevase alguno. Mangos no había ninguno sino solo un fruto extraño, que me recordó una vieja historia, por lo que, como era cierto que estaba ahí, uno de ellos, al pie del árbol, me lo comí, tal cual estaba, de pie, delante del árbol. Algo entre el zapote y el mango, me dije. Uno me llevé. De dos que tuvieran más o menos el mismo tamaño. Otro me lo llevaría un par de días más tarde.

El uno se lo llevé a don José y el otro a Willie, porque sí. Dicen que el fruto sabe solo a donde ir. Como nadie se lo comía, les dije finalmente que yo había cumplido con todos los protocolos y que en si, no había razón de que me acusasen de querer envenenarlos. Don José se atrevió el primero (Willie dijo que se envenenaría con su hijo, para no morir solo, y eso, volviendo a Salinas, que por lo menos fuese en su casa), y resultó que el hueso era distinto. No se parecía en nada al mío, que tenía tres huesos negros alargados, y el suyo, solo uno redondo y blanco. Vaya. Tampoco se murió. Una suerte, finalmente. Willie todavía no ha vuelto, o sea que no sé.

Son protofrutos aquellos que provienen de árboles tan antiguos que se dice que fueron los que originalmente poblaron la tierra. “Tan viejos,” había dicho la vieja, “que aun no sabían hacer todos los mismos y era cada cual distinto.” De este en particular, se dice que el grano cura desde la sífilis hasta cualquier otro mal, siempre y cuando no te mueras antes. Y algunos de ellos, realmente te envenenan, sobre todo si no se siguen los protocolos.

Y bien. Coincide con la descripción de un protofruto datado por Alejandría – que ordenó la localización, si posible -, en 2.500 a 3.000 aC, proviniendo de un lugar que se llamaría Atlantis. Se pensaba que era un mito hasta que unos lugareños empezaron a discutir sobre si era eso un mamey, un mango o un natina. Buscado también por el ejército ecuatoriano, que conocía la historia, aunque no el árbol que crece un poco, se dice, donde le viene en gana y cuando quiere.

Origen de hallazgo: Alejandría

Garantía jurídica: ejército ecuatoriano

Descubridores: José Guevara, Sonja Kasten, SG

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