Johnny Be Good

No pude evitar reírme. La vida da extrañas vueltas y finalmente, suceden, a veces, las cosas más inverosímiles. Además, había incendiarios por los parajes, y una casa había sucumbido a las llamas en el barrio del Tigrillo pocas horas antes. Basta con que alguien pare al lado de la carretera para interrumpir tu placentero paseo a Olón insinuando la posibilidad de llevarte en coche, para que los recuerdos empiecen a hacer extraños cruces con la realidad.

Fue cuando me formaban para juez (por agente militar, por lo que me llevaban de rastro en rastro y de crimen horripilante a crimen horripilante) y Gary Sinise (CSI Nueva York) aun soñaba con ser detective de Scotland Yard sin título nobiliario, mucho antes de que lo devorasen las cámaras y olvidase que aun se le consideraba un ‘honesto diletante’ por aquellas épocas. Extrañamente nos llevamos el título de detective al mismo tiempo, porque los de Scotland Yard pensaban que me esforzaba para ellos, y también que me llamaba Gary, por lo que aquel se llevó la clase B casi por despiste y a mi me encasquetaron la responsabilidad jurídica del mismo.

Hablábamos de las zonas francas, las críticas, las venideras portuarias, todas aquellas que son problemáticas e irregulares, y ya me habían hecho aprender de memoria las leyes de señalización de la carretera, cuando alguien apuntó que faltaban los incendiarios, porque en regularidad precaria siempre aparecen los tiburones de los bienes raíces que suelen empezar poniendo fuego a las casas. Claro que los países sudamericanos son ‘intuitivos’ y cuentan con pocas pautas, por lo que se pensaba en alguna japonesa, o británica, incluso austriaca, cuando se oyó a Gary Sinise lanzar una multitud de imprecaciones y diciendo, ‘que de todas las maneras es siempre, siempre, lo mismo. Ponen un fueguecito tonto en algún sitio, mueven a todo el cuerpo de bomberos para nada y luego otra vez, en el mismo área, y los bomberos, y la policía y hasta los agentes se quedan dormidos pensando que es de nuevo una falsa alarma. “Quienes?” Preguntó alguien. “Pues quien va a ser, esos, si solo hay esos, los TC (three colours), verde, amarillo y naranja. Y eso cuando no mandan las motos por correo.” Alguien estalló en carcajadas. “Las motos?” “Son símbolos, señora, símbolos americanos, y perdone si soy brusco y usted no es varón, pero francamente, que es eso de robar una Harley para hacerla pedazos y mandarla por piezas al extranjero y dar la impresión a un cualquiera que es así de fácil tener una Harley Davidson?” “Sí, claro, evidentemente. Debe ser … como un estandarte real?” “Pues no, pero sí, más o menos.”

Tienen un local con tres colores, justo al lado de la carretera, y tanto pirómano suelto. Venden hamburguesas, además. Qué casualidad. Sí, también quieren alquilar un local para juntar las piezas de las Harley, justo en frente. 35.000 USD la moto, me dice. Vaya. Eso sí que es casualidad.

Pero también es cierto que las coincidencias son a veces tan increíbles, que hasta lo mismo se puede reproducir dos veces en sitios distintos, sin querer, y parecerse, por ejemplo, al tipo aquel, jefe de un gang de … ah sí, de motoristas, precisamente, que se había arrejuntado con una abogado para que lo mantuviese al corriente de los trucos legales, al que dije que, con toda seguridad, el palo santo en aceite curaba la quemaduras en la piel cuya rugosidad en si anuncian cáncer. Y este, qué cosas, me dijo exactamente lo mismo. Y eso que era una broma.

Total Gary Sinise estaba tan nervioso con el tipo aquel que me prometió medio millón de su propio bolsillo si lo atrapaba. “Pero tranquilo, hombre, solo hace falta esperar 20 años para cogerlo … Medio millón? Habrá que afinar el tiro … Pero seguro, eh? No me pases a la lista de los incumplidos.” Ahí está. Ya poco importa que sea este o un primo hermano: cayó por combinación de colores de reputación internacional en las garras del cuerpo de bombero, pusiese el fuego o no, por cierto, las leyes son así de ciegas …

O sea que …, tras las correspondientes verificaciones, Gary: me debes medio millón!! (Seguro que la recompensa era de un millón, y vamos al fifty, porque la cobra él. La vida es así de injusta…)

Sí, te vienen ideas de película entre fuego y fuego, y muro pintado y muro pintado. La vida es así.

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