La piedra del escándalo

Resulta un poco mareante el dar vueltas en un lugar donde casi nada coincide con lo que tú sabes al respecto, al punto, casi, de que terminas por sospechar que lo hacen adrede, eso de llevarte la contraria, para decir al final que has perdido la cabeza. Lo que no sería de ayuda, en ningún caso … El que se diga, quiero decir.

Dónde estamos, al final? Comuna, municipio, dependencia del ministerio de turismo, zona franca? Cada cual en un pedazo propio sabiamente enlazado a todos los demás?

Yo venía con instrucciones. Me dijesen lo que me dijesen, yo, personalmente, estaba en una zona crítica militar, con supervisión internacional estricta, en inmovilidad por medio de fijación de dos puntos militares en puntos geográficos sobresalientes. Mi tarea consistía en llevar una comuna a una zona franca, y una zona franca a una ley portuaria, validar tres juicios territoriales y aplicar las pautas de evasión de capitales si viese necesidad, dentro de una página que estaba inscrita en un proyecto multitudinario de matemática y estadística (verificación a través de parámetro intuitivo) del que dependía Cambridge, no sé por qué, y hasta el Google entero por haberse robado un programa militar sin el permiso de nadie, es decir, sin que tuviese criterios objetivos. La página debía servir además para aprobar un proyecto de legalización utilizando las leyes de las fuerzas aéreas y era la base material para un estudio de la Corte Suprema de Londres sobre la correlación entre el enunciado del juicio y la realidad social medida a partir de su flujo cotidiano. Y alguna cosa más.

Cuando tienes tantas cosas que hacer no te paras a considerar ni tan siquiera un segundo que las cosas puedan ser de otro modo, aunque sabes que lo son. Quizá no la inmovilidad de la zona. Tampoco el problema de la zona crítica. Los juicios arrastras tiempos y los tiempos encauzan perspectivas que se alteran cuando se revisan los juicios. Dos de ellos, llamados magnos, quizá dejen huella indeleble en la historia de la humanidad: la revisión de la victoria de la guerra entre el Japón y los EEUU de la segunda guerra, del general Hakimoto, que termina por darle la victoria finalmente al Japón tras árduas batallas legales – pero se sabe que las cosas son así -, y un juicio permitiendo encontrar un culpable único para los crímenes contra la humanidad cometidos durante la segunda guerra mundial, la iglesia católica, gracias al hallazgo en Montañita de la única fosa común de la misma época, racional jurídica y judicialmente. Los juicios marciales son complejos, pero quizá pase algún día algo de tiempo para explicar cómo se pudo finalmente reducir toda la problemática de la segunda guerra a un minúsculos terreno no muy lejos de la carretera principal de la zona.

Parece poca cosa, o mucho en las distorsionadas perspectivas de algunos, para nosotros solo implica que: la estratagema adquiere prioridad con respecto a la fuerza, lo que le da importancia, de nuevo, al minúsculo e instruido en leyes, por un lado, y por el otro, que la realidad política debe considerarse en todos sus aspectos y tomando como partida siempre el factor ético, moral o religioso, por lo que no se puede tratar jamás con negligencia la actitud o actuación de la representación religiosa en lo que termine por suceder, sometiendo por obligación la realidad moral, espiritual o religiosa a pautas de evaluación que permita castigar conveniente a todos aquellos que queriéndose en aires de santidad, solo socavan el orden y cometen impunemente todo tipo de crímenes.

Los hombres, las convicciones se medían con otros juicios en 1991. 20 años más tarde, la mitad de las personas que dijeron que con convicción defenderían la zona franca, quizá ni siquiera habrían pasado el primer examen evaluativo. Consiguientemente es difícil saber quién está dónde y con quién. Quién dice verdad y quién miente.

Es cierto que sabía que sobre Montañita pendía una condena de muerte: salvando el puerto, quizá dos o tres referencias militares y alguna cosa más, Montañita sería pasada al fuego, porque se estimaba prácticamente nula la posibilidad de insertarla en un orden regular. Yo debía conseguir legalizar al menos 40 negocios y se anulaba la pena. Un esfuerzo que valía la pena considerando que este lugar quizá se constituyese en el punto de partida de un orden de razón nuevo. Había más, finalmente. Quizá se evitaría lo peor, con un pequeño esfuerzo suplementario.

Sigues sin considerar lo que digan otros. Porque digan lo que digan, puede seguir siendo cierto que pasen los aviones con napalm pasado mañana, y entonces será demasiado tarde si pierdes tiempo verificando puntos.

Pero lo anotas, en algún lado del inconsciente. Y pones un criterio estético único en algún lado. Un criterio estético único no significa que todos deban pintar sus locales de colorines con fondo negro, sino que un elemento estético parece en si reunir todos los elementos de aquello que te molesta profundamente en tus convicciones. Lo que suele llevarte poco a poco al cuerpo del delito.

Aqui está.

Una ley militar que la municipalidad de Santa Helena se apropia a través de una ordenanza, causando una confusión agravada en cuanto a la situación territorial y política.

Me dirán cómo lo sé? Precisamente es esa ley la que permitía formar la línea racional para la evasión de capitales entre la Compañía de Taxis Montañisol (auspiciada con ley similar por la bolsa de diamantes) y el Hotel Baja Montañita, que operaba en el área agrícola dentro de la susodicha ley, llevando la línea racional del parámetro internacional en contexto nacional, al parámetro nacional en equivalencia. Esa ley, que considera precisamente la posibilidad de la explotación comercial dentro de áreas en jurisdicción militar, no considera elementos pudiendo de algún modo asociar el territorio en cuanto a su propiedad a un único propietario. Es decir, no otorga títulos de propiedad, solo separa zonas o áreas.

La casi extravagante pretensión del municipio, queriendo arrogarse leyes nacionales y militares para uso municipal que no es jurídicamente extensivo, ha causado consiguientemente una profunda confusión en cuanto a la situación de la propiedad misma y la naturaleza de los permisos precisados para la gestión de los negocios, por lo que será de obligación el reconsiderar los puntos acordados en 1991, – aunque sea para ajustarlos en consideración de la realidad actual -, con vistas a unificar los puntos de vista y centrar los esfuerzos dentro de la posibilidad de realización de una única finalidad, que debiera ser la inserción de la zona en ley portuaria.

Es necesario, empero, el subrayar que a parte de ser inocuo un intento que terminaría por llamar la atención poco antes o poco después, ha conseguido desproteger una zona que debiera contar en este momento con no menos de 350 agentes especializados para gestionar diversas cuestiones insertas en los múltiples proyectos internacionales (unos 60), considerando entre otras cosas, la atracción de focos criminales graves a un mismo área irregular, ficticios o no, los ficticios sirviendo a la verificación de pautas internacionales de justicia.

Y quién apagará el fuego, ahora, diga?

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