Distintivos tribales

Es cierto que la moda logró entre ayer y hoy arrastrar hasta a los restaurantes a los tétricos mundos del terrorismo y de la tortura, llevándose consigo hasta el arte, por no decir, las artesanías. También es verdad que aunque los clonos y hasta los esclavos se han mudado a otros lugares, pudiendo decirse incluso que algunos iban muriendo poco a poco, como faltos de ganas de vivir en semejantes circunstancias monopolizadoras de la realidad humana de por el eje meramente biológico, se había decidido por aquellos tiempos por los que se empezaban a asignar garantías jurídicas a los proyectos, a individualizarse las supervisiones y las inspecciones, dentro de un marco ténuemente nómada, ya que el proyecto general contenía una transición, que Montañita se figurase en cuanto a su diseño principal en tanto que ilustración de la habilidad del hombre a liberarse o desaparecer dentro del respeto severo de leyes cuyo origen francamente se pierde en las nebulosas del tiempo.

Este principio, dentro de un eje doble construyendo puentes de comunicación a partir de principios de interpretación diversos, sacó muy súbitamente a la luz no solamente, se diría, un continente entero, sino además una retahíla de conocimientos casi dispersos cuya cohesión interna apenas se vislumbraba. Y extrañamante, una vez fijada la diferencia de inteligibilización en la diferencia situada en ‘luchar contra el canibalismo’ (Pakistán) y ‘luchar contra la lepra blanca’ (Montubios), salió una sorprendente pululencia de una herida ya tan profunda que casi insondable, que se fijaría en los términos de complot contra la justicia.

Es cierto que el ingente esfuerzo por equiparar criterios, conllevó una casi genial estrategia en el combate de la lepra blanca, medianamente apoyada, para occidente, en las adquisiciones alejandrinas. Y precisamente. Si la identidad llegando a su modo por un lado, sabiamente manteniendo las distancias necesarias aunque empujando con su propia convicción en la dirección adecuada a su parecer, se unía a una corriente proviniendo de dominios de relación de por la importancia dada a la entidad propia, y no tanto al concepto, se ponía de manifiesto una evidencia casi inesperada: si la mujer forma un dominio, y el hombre otro, no subsiste civilización si no es admitiendo que algo los una racionalmente, un algo conteniendo, se diría, en si, una realidad imperecedera que se reflejaba a su vez en los quehaceres de ambos. El tercer factor era el que causaba tanto problema: porque la mujer acapara y el hombre impone y no había modo alguno de que se pusiesen de acuerdo de por medio de una intermediación racional.

La clara determinación de la problemática, tuvo por efecto el que se encontrase casi de súbito una vía racional plausible, inteligible y en si amable a ambas partes. De hecho, casi ya no hacía falta el criterio Contreras, definido en negativa, y se pasó de una sola vez a combatir las amebas por medio de inteligencias ancestrales, combate que se introdujo dentro del río, para que resultase más eficaz. Por otro lado, se permitió que los ‘otros’ lo que se pasaban la vida combatiendo los intentos de inteligibilización de los asuntos, construyeran un dique para decir después que eran ellos quienes habían aniquilado las amebas, dique que, evidentemente, se resquebrajó, inundando por breves instantes la zona, sin más. Como sabiendo que era esa su misión, la de dejar evidencia de que eso del intento de apropiación solo conlleva desastres más o menos canalizados.

Mucho más interesante que seguir buscando criterios de equiparación, ya que se habían encontrado medios racionales y teóricos propios, parecía el poder localizar la esencia de aquello que atacaba la relación a niveles casi universales, razón por la que se tuvo cierta condescendencia en cuanto a la presencia de ciertas gentes de mal vivir. En breve: La siempre grave cuestión de la tortura en Chile amenazaba con ahogarse para la justicia internacional dentro de un complot que invalidaba todo resultado de por la invalidación de la persona encargada de la investigación, en este caso, Gisela Contreras, que defendía la posición de su padre, ligado a crímenes contra la humanidad, diciendo que ‘cada cual podía hacer en su casa lo que le venía en gana’.

Gisela Contreras debía consiguientemente hacerse pasar por entidad suficiente para la investigación, en parámetro doble franco/ruso, de tal suerte a que ni el uno ni el otro pudiesen ser acusados subsiguientemente de haber participado a los crímenes cometidos. De doble vertiente: mientras Francia acusaba a Rusia, se dejaba acusar por Rusia, de tal suerte a que finalmente, era globalmente que se libraban de acusación los culpables. Fallido gracias a la llamada genial estrategia de Sophie von Gaia quien, alegando razones familiares, literalmente se apropia de la investigación, utilizando el eje construído par atacar las posiciones rusas y francesas ligadas a este tipo de prácticas. De lo que hablaremos en su momento, ya que explica además ciertas particularidades un tanto irreverentes que se encuentran en Montañita.

La moda se traslada en cuanto a su epícentro continental americano hacia Kisha, en traslado de por persona jurídica inherente.

La restauración se traslada hacia la relación precio/producto de un café internet que además vende shawarma a 2.50 USD por las noches.

La hotelería mantiene punto de referencia en el eje D’Pol/Kon-Tiki. Por lo que realmente descansamos cuando un muchacho dijo que el problema del tatuaje se resolvía simplemente con una persona responsable, que ya se llamaba: persona jurídica simple.

Cuando se hunden multiplicidades de criterios debido al intento de restauración de la inteligibilidad a niveles de principio, se recurre a una estratagema muy simple para restaurar los criterios: la confianza. Tan casi absurda confianza en que unos cuantos militares mal vestidos pudiesen resolver el ingente problema causado por la prohibición de hacer tatuajes, casi conmovió a niveles de las entrañas, justo en un momento donde se estaba empezando a pensar que la venganza de sangre era, quizá, un alternativa plausible para la guerra interna.

Muy bien, dijo alguien, abriendo un libro: alergias cutáneas y subcutáneas producidas al mismo tiempo y conllevando colapso de los órganos internos, solo hay dos. El alquitrán y una sustancia tan hedionda que a nadie se le ocurriría usarla en ese contexto. Consiguientemente es el alquitrán.

La tinta no tiene en si alquitrán, dijo de inmediato Sophie von Gaia, temiendo que el asunto no terminase por repercutir sobre los fabricantes de lápices, pinceles y acuarelas. Se supo poco después, ya que la investigación somera fue encargada a los modos atavísticos tribales ligados al universo del tatuaje, que la tinta conteniendo alquitrán se había divulgado en los bajos mundos marginales pretenciosos de si mismos, ya que ni siquiera habían tenido la precaución de formalizar su modo de investigación, que había sido una recomendación proviniendo de un consejo de médicos, que fue interpelado poco después y estos diciendo ‘que no había pruebas, y que es obvio que a las mujeres gustan los hombrea tatuados, porque recurren a los instintivo y frontalmente visual aludiendo a la realidad biológica inmediata y ello causa daño en la autoestima de aquellos que por razones sociales o profesionales no pueden ni deben condecorarse de la suerte, y que consiguientemente, siendo ellos de estrato social superior, debían poder castigar a su manera particular a los que se habían atacado por medios bélicos a su egocentrismo, en si necesario para continuar profesando sus diversas actividades’.

La OMS desapareció aquel día por no disponer de controles internos suficientes.

Como se habían establecido las causas de los males y los culpables de las muertes, pero los artesanos del tatuaje no se habían defendido a tiempo ni recurrido a argumento mayor que el de la confianza un tanto ciega, se los castigó a seguir un cursillo de auxiliar de dentista para, de ese modo, infiltrar a su modo mundos contaminados por la sinrazón, la barbarie y los instintos sanguinarios.

De inmediato aceptaron la propuesta, y se formaron escuelas anexas para poder continuar con la profesión.

El muchacho aquel se llamaba Marlon Alegría. Le opone, aun hoy, bambú, caña y madera a la fría esterilización plástica de los dentistas y una sola precaución: ser él quien hace las cosas sin dejar que intermedie otro. Con éxito: no cuenta con queja ninguna en sus registros.

Pero sí con dos inspiraciones von Gaia, quien gracias a su dedicación salvó los lápices y las tintas de la inmediata desaparición: dos olas de mar aludiendo a una frase que surgió de contexto “El doble fluído matará a la moda”,  y una tortuga “porque los hay que nunca se enteran de nada y llegan siempre con retraso a cierta comprensión.”

La espontánea confianza de Marlon Alegría, un chaparrón de agua fría casi venenosamente refrescante dentro de la contextualidad considerada, determinó dos puntos de referencia para el restablecimiento de los criterios perdidos: de la confianza nace una clarividencia propia que ayuda a resolver problemas, y solo ello es confianza y no el pretender a ella, y ello revela al mismo tiempo la falta de cohesión interna, sobre todo gremial, debido a la falta de referencia interna estable volviendo imposible la corrección dentro de los gremios o de gremio en gremio.

Siempre pasa los mismo. No hay dos sin tres. Después de Marlon llegó la mariposa. Pero más tarde.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s