Una piña muy colada por ti

Cuando una categoría entera de establecimientos se estrella contra su propia incompetencia, suele promoverse la presencia de otras con criterios sanos y no cuestionables, cuyos miembros deben de inmediato acorrer al punto álgido originario del descalabro universal. Teniendo en cuenta cierto preliminar, lo que, a su vez, condiciona su situación, por lo que no se aplican criterios normales sino llamados críticos para su evaluación.

Los hoteles se quedaron sin categorías, estrellas e incluso publicidad específica por la siguiente razón: como se estudiaban y presentaban los proyectos de Montañita, los hubo que exigieron una mayor formalización, para tener la seguridad de que no los estaban engañando. En realidad, la formalización, en ese contexto (proviniendo del contexto militar), no significa nada más que la aplicación de sanciones en caso de incumplimiento, aunque también es cierto que la inserción progresiva en contextos civiles concretos permite ampliar los márgenes de acción dentro del campo del uso de elementos ajenos a la zona, la publicitación privada (en un principio), la extensión del transporte, etc. al menos durante las fases preliminares, debiendo ajustarse el marco legal una vez concluída la primera fase. (Puntúa la inspección básica y supervisión simple.)

Se produjo la inverosímil situación de que dos aspirantes a hoteleros, categorizándose en A y C, consiguieron en muy pocas frases y sin mucho esfuerzo, aniquilar toda pauta general internacional para los establecimientos hoteleros. Por ejemplo: la clase A precisa de un lounge amplio con recepción, escaleras amplias, múltiples llegadas a los pisos, pasillos amplios, puertas frágiles, etc. Mientras que la C ‘suele contar’ con un espacio familiar que sirve de recepción, escaleras amplias y sólidas, decoraciones superfluas en las paredes y dando mucha importancia a los aspectos sanitarios, como limpieza, combate de mosquitos y otras garrapatas, etc.

Los dos proyectos ‘formales’ presentados, el Hotel ABAD y el hostal Tsunami, lograron darle la vuelta a los criterios dentro de la fase de evaluación preliminar. Consiguientemente fueron de inmediato acusados de tráfico de armas y de esclavagismo. Acusación que cayó de sopetón encima de toda la clase hotelera, ya que los ‘elementos dañinos’ provenían de un contexto intuitivo y popular. Se acusó a todos los hoteles y por si acaso de trata de blancas (vertiente social del esclavagismo) y de albergar surfistas (criterio mínimo de tráfico de armas, por arma blanca en estado de rebelión), lo que: hubiese formado una nube de irregularidad notoria muy perceptible a niveles básicos, de tal suerte a que intuitivamente se termina por pensar ‘bueno’ aquello mismo que es ‘malo’, produciendo uan peligrosa confusión de parámetros. La acusación pesando sobre la bolsa de diamantes, afectando a su vez el tráfico de armas, y esta regulando la categoría de 5*, primaria, podía estar al origen del desorden, por lo que se aprovechó el cambio de criterio estético para proceder a una progresiva reformulación de  la situación hotelera.

Por ahí andamos. Pruebas para la justicia internacional, el hotel ABAD y el hostal Tsunami no permiten crítica ninguna, y están al origen de la posibilidad de regeneración, ya que se mantuvieron ambos dentro de su inflexible convicción, a pesar de todas las acusaciones que ello conllevaba.

Cuando se produce una situación de ese tipo, se espera a que surja espontáneamente un criterio intuitivo sin especificación formal ninguna: un lugar de pernoctación, como los de antes, cuando la gente iba y venía y se quedaba a dormir en el primer lugar que encontraba, llevando en si un criterio propio, una característica que resalta, algo que llama la atención y posteriormente pueda servir de criterio formal o general, ‘para ver si de algún modo otros ya han percibido esta presencia, que se dice inherente, imponiéndose a través de la percepción inconsciente que ordena y regula la realidad de las gentes’. D’Pol avisa de su presencia con sus simples camas limpias, sin nada más que eso: ofrecer un lugar para pernoctar. Pero D’Pol es un lugar histórico, en su contexto, no muy definido aun, pero sostenido por la contextualidad general. Lógicamente aparece el hostal Ton-Kiki poco después, formando una referencia formal, precaria aun, pero mostrando en si cierta solidez estructural.

Qué ha pasado? La bolsa de diamantes se ha desprendido de la categoría 5* por insuficiencia masiva, y se ha decidido por fijar su presencia alrededor de lugares más o menos pequeños, agradables y sin excesiva ostentación. Lugares que cuenten con la presencia esporádica, aunque sea, de algún soldado, para transacciones propias a los hoteles 5*: cambio de diamante, refugio, transacciones militares, tratados simples, etc. Presencia militar que los 5* siempre le han denegado a la bolsa de diamantes al estimarla engorrosa, queriendo, sin embargo, beneficiarse de las ventajas que siempre propone la bolsa de diamantes: protección de imagen, seguridad, fichas de presentación para clientes importantes, y algún largo etc como privilegios notorios a niveles de la comunicación, sobre todo electrónica.

Consiguientemente ya no se clasifica el hotel de arriba para abajo, como antes, sino de abajo para arriba, como la restauración. Razón por la que se subrayó la presencia de la restauración en el lugar de la hecatombe.

Precisamente. Cómo se clasifica un restaurante? Por la comida gratuita. Es un restaurante popular aquel que ofrece platos a gentes del lugar, amigos o conocidos, en abundancia cuando hay reclamación, sin aumentar los precios, de tal suerte a que este beneficio recae a menudo sobre gentes de paso que simplemente dicen que tienen mucha hambre, pudiendo darse el caso de que se los invite, porque se estima honrosa su presencia. Es un restaurante de clase media, aquel que hace un poco de cualquier cosa, sin mucho criterio ni atino, acertando en algunos platos y hasta algún motivo de decoración, diciéndose a menudo más de lo que son, o quizá menos, y que ‘gustan invitar a clientes que tiene medios para hacerlos conocer, como periodistas, incluso poetas o escritores, gentes de imprenta, porque lo malinterpretan, funcionarios con máquinas de escribir o fotógrafos de paso que les prometen una copia de sus obras’. Y son de clase alta, los restaurantes que ‘saben reconocer a un insigne miembro de alguna clase social privilegiada, en algún aprieto, y de inmediato se acercan de él y le proponen un almuerzo, diciéndose que la pena y el costo se compensarán enteramente de por el mero hecho de poder decir que un tal Pepito pasó unas horas en su local, que significa que algunos precian su comida, y más aun, que sabe pertinentemente quien es quien.’

Este criterio básico por negativa sirve para ordenar cualquier situación posterior y forma los ‘grupos’ que terminan por categorizarse dentro de las sofisiticadas interrelaciones gremiales.

Ejercicio 1: De qué modo se ordenan los hoteles básicamente partiendo de la situación anterior y considerando el criterio de restauración?

Ejercicio 2: Qué tiene que ver la piña marinera con todo ello?

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