Corazones partidos

Es cierto que cuando se hace un traslado de presidencia, hay que tratar una cuestión de cualquiera de las temáticas habiéndose tratado con anterioridad, para no perder la relación con el ente en cuestión, y también es cierto que debido a la falta de personas en el alto directorio de la bolsa de diamantes, había un sinfín de cuestiones que estaban bloqueadas desde hacía más de 40 anos. Para impedir que se reprodujese una situación similar, se dispuso que el alto directorio de la  nueva bolsa de diamantes se compusiese a partir de su inauguración de al menos 4 miembros perennes, que son: la casa imperial japonesa, la alta autoridad de los procesos civilizatorios, la alta autoridad de Alejandría, y la casa imperial de occidente, ya que cada uno de ellos dispone de al menos un miembro calificado para asistir a las reuniones del alto directorio de la bolsa de diamantes.

Alejandría debía consiguientemente proponer al menos una cuestión que justificase su integración y no tuvo mejor ocurrencia que la de proponer la búsqueda de un criterio racional permitiendo hacer la diferencia entre la medicina racional y la irracional, a través de un caso particular, y debido al hecho de que ellos tienen los criterios adecuados para resolver la cuestión, aunque nadie más. Presentaron consiguientemente una petición proviniendo de la India, quienes estimaban que su conocimiento alcanzaba una profundidad tal que merecía reconocimiento universal, al tiempo de que protestaban porque se le había reconocido la validez universal a la acupuntura, y no al Ayurweda, cuando el Ayurweda era obviamente mucho más antiguo que la acupuntura, y la antiguedad un criterio según las sabidurías hindúes. “Mal viéramos, senores, como su criterio nacional, si lo fuese, pudiese servir para determinar un criterio universal.” Como las conversaciones con los hindúes se chocaban constantemente contra incomprensiones limngüisticas, decidió Alejandría tras cierta meditación de apuntarlos en los ‘lenguajes peculiares’ para pasar a la relación goda, y quitarse el problema de encima de una sola vez. Por lo que me llamaron a mi.

El impedimento mayor para reconocer la universalidad del Ayurweda era que los hindúes decían que ‘el maestro define sus conceptos’, lo que causaba fricción con la definición de la universalidad, que exige la unicidad en la definición del concepto ‘ya que no se concibe universal de otro modo, sino a partir del concepto y en cuanto a su definición de por el uso del principio de identidad.’

“Son ustedes de una escandalosa grosería, senores alejandrinos,” dijo la reina de Sabah (Jefa de los procesos civilizatorios universales), “pues acaso ello no implicase que no existe intuición a la que se pudiese atribuir valor universal?” “En ningún caso, sin que preceda definición,” contestaron aquellos.

La reina aprovechó la circunstancia de que yo estudiaba metafísica en Paris para perguntarme, ‘si en todo punto pudiese considerarse la afirmación alejandrina verdadera?’, ya que muy en peligro ponía los intereses femeninos. “No cabe duda, mi reina,de  que solo existe concepto si se define la palabra, y la definición imposible, sin identidad, y que la intuición no es palabra, sino percepción, de tal suerte a que aquello que caracteriza la palabra en cuanto es concepto de por la lógica que se usa, a saber, lo universal, solo aplica a esta primariamente, ya que la percepción es subjetiva y única en cuanto a su origen, se comunica y no se dice. Lo que, a su vez no implica que no se pueda vestir de palabra, pero de modo secundario, ya que debe ajustarse a la exigencia del dominio en el que se adentra para poder pretender a la característica que de aquel deriva.” Contesté. “Grandemente me parece que eso atenta contra la validez misma de la intuición y pone en peligro la pretensión a persona jurídica femenina.” “Quepa que la persona jurídica no se define por su universalidad sino de por la adecuación puntual a la situación en leyes definidas por un mismo dentro de un contexto general, y que la intuición no haciendo leyes, no se puede decir tampoco que a) no pueda tomar prestada la mujer la ley para los cuerpos, y b) hacer uso de aguda intuición para resolver el caso particular, que de ese modo puede pretender, aunque sea, a la universalidad inherente a la adecuación al hecho, de por la superposición de identidad.”

La India recibió como respuesta que tenía como única opción el colocar su Ayurweda dentro de la categoría intuitiva, por haber insistido demasiado en cuanto a su validez objetiva. Muy contentos con el resultado de su negociación, preguntaron a Alejndría si no podían explicarles algunos contenidos del Ayurweda mismo, ya que algunos pasajes se habían vuelto oscuros, cuando no difuso. “Nos excusarán, pero entenderán que entre ustedes y nosotros se ha abierto un gran abismo, ya que cambia el parámetro de interpretación de por el dominio en el que se encuentran, dominio que, por cierto, y ahora que lo pensamos, aun no tiene definición.” A lo que siguió un silencio como la escarcha.

La reina de Sabah admitió que sería una desgracia que hasta los alejandrinos perdiesen la autoridad medical de por inserción de un elemento en una categoría sin definición y que conjuntamente y con presteza, procederían a definir el concepto en cuestión, que de algún modo, avanzó, se relaciona con la percepción subjetiva ‘de la que puede derivarse un conocimiento inteligible’, agregó, lo que pareció muy conveniente a Alejandría, quien apuntó que en ese caso había criterio que no había podido utilizarse antes porque no había definición para la intuición.

Siguiendo las normas aplicables al caso, tuvieron los hindúes que pronunciar a voz alta algunos pasajes incomprensibles del Ayurweda, y dos testigos de reconocido mérito intuitivo (Matuhí y yo acabábamos de pasar un examen de estadística intuitiva aunque aun no había resultados), que debieran dar interpretación intuitiva al contenido, que a su vez debía encontrar medio de verificación en párrafos del mismo texto encontrándose en otros lugares. No sé lo que le tocaría a Matuhí, pero a mi me leyeron una frase que decía que “no decir el amor enferma los pájaros”, lo que expliqué diciendo que debía tratarse de un término metafórico, aludiendo al lenguaje propio amoroso, pudiendo derivarse que el no usar este para cierto tipo de realidades, podía conllevar enfermedades orgánicas propias. “Cómo?” “Como una madreselva.” “Es decir?” “Que la lógica inherente a la formulación alude de por asociación al remedio dentro de la misma formulación.” Lo que se confirmó. De por la madreselva, casualmente, que sirve, según esos textos ‘a curar desfallecimientos sexuales masculinos de cierta índole’. Del mismo modo se resolvió la frase que se le había dado a tratar a Matuhí, y esto fijó el contexto preliminar de la situación dentro de la definición que se había propuesto.

Inmediatamente recibieron carácter universal intuitivo tanto el Ayurweda como la ciencia goda y la Matuhí, aunque la segunda debía aun definir el dominio de sus aplicaciones, pasando primero por una árduo examen godo, ya que se estimaba que el lenguaje indígena americano estaba sujeto a particularidad debido a una posible catástrofe universal que había que confirmar en su momento a través de los exámenes provistos para el caso. Aunque la evidencia llegó veinte anos más tarde (cantidad de cuarzo marítimo en playas senaladas), se podía intentar seguir con el proceso de integración de la medicina Matuhí en la relación internacional … intuitivamente. Habiendo precedido un ajuste en cuanto al juicio – equiparación en esencia -, se estimó que formaba un buen punto de partida para intentar encontrar un ajuste en cuanto a la intuición médica, para lo que se usó de un parámetro propio derivado, consistiendo en construir una situación relacionada que sirviese de fondo de memoria para ajustar las perspectivas en cuanto a conocimiento específico.

“De gracia,” dijo alguien, “si permiten a sus eminencias de intervenir, quizá pudiesen ayudarnos a curar un caso de fiebre amarilla.” “Quién será que no solo se atreve a llamarnos eminencias sin el permiso de nadie, sino que además confunde las estadísticas con la fiebre amarilla?” Preguntaron los alejandrinos a voz baja. “Hagan el favor de no ofenderse tan deprisa, que ustedes mismos han puesto a todas estas gentes en lenguaje particular.” “Fuesen esas gentes, fuesen … pero por aqui ya ha pasado revista el terrorismo internacional entero, la aglomeración y el conglomerado financiero y hasta la cartera del contraespionaje entero, cómo se supiese?” “Por elucidación,” propuso la reina. Se elucidó de hecho – y hecho es también, que los hubo quienes sintieron como empezaban a ponérseles de punta todos los cabellos de la sien, dijeron -, que la fiebre amarilla colombiana, denunciada desde hacía varias décadas y siempre negada por la autoridad médica oficial en sus consecuencias, había no solo invadido Bogotá sino también la región de Nariño, normalmente bien protegida. Y que los jueces iban y venían a sus encuentros y habían establecido tres generaciones de proceso degenerativo, al cabo del cual, o no quedaban vástagos o salían monos, por lo que había que aumentar las precauciones. Los jueces de Nariño habían llegado a los Montanita, y los de Montañita habían dicho que ellos no le conocían remedio a la enfermedad, ninguno, por mucha vuelta que se le hubiese dado al asunto, salvo la percaución misma que ya no aplica cuando se contrae el mal, pero que había habido intercesión de una chiquilla de 7 años, y que en esos casos se recurre a las eminencias para proceder a revisión, según lo que ponía en algunos viejos libros. Y que todas esas gentes parecían relacionarse de algún modo a lo que pudiese entenderse por eminencia, aunque es obvio que quien supiese aun hoy en día.

Los alejandrinos alzaron una ceja y pasaron la cuestión al Pakistán, ya que la reina es la que analiza esos casos. Y ella me dijo con gran certeza que yo podía curar al niño, que ello lo sabía. A lo que pregunté que cómo pudiese yo pretender a curar algo en cuyo conocimiento no estaba, y que hiciese el favor de buscar autorización para su certeza primero en casa alejandrina, no fuese que los niños se quedasen sin intercesión también. Los alejandrinos le explicaron a la reina qu eyo había ido a Colombia a buscar evidencia, no a curar nada, y que precisamente lo uno y lo otro deben mantenerse apartado, para que no genere confusiones, lo que ella no estaba en la obligación de saber, dijeron poco después, empero. Y como parecía que estos indígeneas por fin podían decir su propia verdad y constaba que con mucha insistencia habían intentado comunicarse con el exterior sin que se les permitiese, bien fuese que se pagase su esfuerzo con la curación del muchacho en cuestión, no fuese que empezasen a dudar de la autoridad que tanto les exigía. La reina volvío de su conversación insistiendo en su requerimiento, a lo que yo alzé una ceja, diciendo que en muy mala postura me había puesto, porque no bastaba con todo lo demás, ahora estábamos en una categoría intuitiva pura y la fiebre amarilla una enfermedad de la otra punta del mundo, de la que no debíamos por qué estar en intuitiva relación. Pero, bueno. “Si es por salvar la intercesión de los niños, hagamos un pequeño esfuerzo.”

Resultó que el muchacho enfermo, de unos 10 años, heredero de una de las familias de jueces con mayor reputación del sur de Colombia, había heredado a su vez, de tercera generación, de la fiebre amarilla, de por causa  de una brujería que había tendido trampa a su abuelo. Se estimaba que Juan no tendría hijos y que se extinguiría el linaje. Intercediendo estaba Rocío, de 7 años, quien decía que el muchacho se pondría bien ‘porque caerían muchas estrellas del cielo’. Hm.

No había medicina, presupuse, sino solo un camino. Un camino llevando durante largos años la llave de la intercesión, como una aguja que a veces te despierta, y otras veces te duerme. “Venga, muchacho.” Este camino, ajustado con gran meticulosidad a la posibilidad de arrastrar a otros de tercera generación, ya que la disyuntiva se encuentra en la tercera generación, fue estudiado tanto por los jueces Matuhí, los hindúes y los godos, debiendo ser severamente supervisado por la reina, para que no cupiese duda.

Criterio final: tendría un hijo, y un hijo que movería en el vientre de su madre, ‘porque los monos nacen muertos, aunque luego algunos viven’.

Según los cálculos previstos, debía realizarse todo para 2011 o 2012, ya que el proceso evolutivo general mostraba una tendencia a la regeneración a partir de ese momento. Y fue el caso. Juan espera un hijo que se mueve en vientre de su madre.

Aprobado de modo unánime, inserta la medicina goda, hindú particular y matuhí, categoría intuitiva, entre ls prácticas médicas universales.

Y salva la intercesión de los niños.

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