Línea abierta

Cuando la juez internacional rusa Yigorina hizo el anuncio semi oficial de la aclamación de zona franca, se abrieron las líneas de comunicación, para evaluar el impacto del suceso y agrupar temáticas que sirvieran de recuperación del fondo histórico propio no solo para la zona franca, sino para un Ecuador que se sonaba nuevo y distinto.

Al mismo tiempo, seguían haciéndose los proyectos y se mantenían conversaciones con espontáneos sobre diversos temas, fuesen civiles, soberano o militares.

La ‘Brujis’, – la llamaba yo -, de nombre Matuhí, que había presagiado el fenómeno del Nino, propuso un asunto judicial para equiparar perspectivas, lo que se confundió en un principio con un nuevo proyecto. Según Matuhí no debía castigarse a un muchacho llamado Rony con la exclusión de la escuela, después de haber dicho que le parecía interesante un lugar presentado en foto lleno de mujeres desnudas bailando alrededor de una barra, que había sido presentado por la maestra monja de la escuela ‘como prototipo de un monasterio anglicano’. Mientras abríamos una investigación somera al respecto – la monja dijo que quería saber lo que era un prototipo y que utilizaba palabras de origen desconocido para que los muchachos mirasen en el diccionario porque tenían muchos que les habían ‘robado’ a los monjes cuando estos huyeron, y que los monasterios anglicanos eran heréticos y se sabía que se hacían prácticas satánicas en ellos porque no reconocían al Papa -, los hubo que empezaron a disenar un nuevo proyecto ‘donde el cielo se juntaba con el infierno, reflejando imágenes crísticas dentro de un ambiente torrencialmente pornográfico’.

Como Matuhí quería saber lo que era un monasterio anglicano y había finalmente decidido que lo más parecido a la descripción dada por la monja, era una cervecería que aparecía en un folleto turístico de Londres, los otros apuntaron el proyecto como ´Beerhouse´, y empezaron a decorarlo, sin que se supiese aun quién se encargaría de él, aunque mucho dijeron que debía ser Rony, o alguien que él designase, por haber aparecido su nombre por el camino.

De hecho yo estaba de acuerdo con Matuhí en cuanto a la exclusión, aunque sabia que las consecuencias de su indagación serían un poco más extensas que la de simplemente evitar que el muchacho fuese excluído de la escuela. Inglaterra ya había puesto el grito en el cielo, había sacado gordos tomos de leyes de los estantes (debían estar un poco polvorientos), y se pusieron a anotar: que está prohíbido que los profesores sustraigan información a los alumnos, que esas monjas no tenían absolutamente ningún derecho de dar clases en una escuela pública, que estaban difamando a la corona de Inglaterra, lo que era gravísimo, y que de inmediato iban a prohibir la Iglesia Católica. “No sé con qué derecho procederían de la suerte …” dije yo. “Claro, me dirá ahora que usted es católica y que el triple argumento no es suficiente.” Contestaron unas senoras, altamente sulfuradas, y contesté apaciblemente que revisaran la interrelación de dominios (eclesiástico/civil, o militar o soberano).

Al cabo de un rato, dijo Matuhí que hacía falta un emperador para condenar a la iglesia católica y que ellos tenían uno, por si hacía falta. Lo que fue seguido de un silencio muy, muy largo.

Mientras tanto, unos peruanos decían que era chévere que hubiese un lugar donde pudiesen tocar las bandas de música callejeras, porque así no se mojaban cuando llovía, y además podían pasar un par de noches en Montanita, aunque fuese en el camping. Y ello dió pie a que alguien preguntase discretamente por qué un café era soberano y no un mango, y si había que colocar las plantaciones en las cercanías de algún castillo, porque no había muchos, y en cualquier caso, quizá sirvieran las ruinas de los incas. Se les explicó que la relación del café al mercado era parecida a la del diamante, y que en vez de poner una ´cosa´en un mercado, pasaban los cafeteros por largos y extenuantes exámenes para ir subiendo de rango, y se pudiese desarrollar una dinámica de aspiración – hacia algo mejor -, que sirviese de regulación interna para las naciones, de referencia y de alusión a la realidad intelectual del conocimiento que se deriva de ese modo por la práctica. ‘Chévere’ dijo que era chévere y que los guitarristas debían pasar por muchos exámenes tambén porque había cada cual que no sabía afinar una guitarra en los mercados que se veía en tv que daba pena, y cuando preguntaron como se hacían las diferencias de calidad y se les contestó por criterios, no sabiendo estos lo que significaba la palabra, se les explicó que algunos iban determinando dificultades (rápidez, dificultad, variedad, etc.) y luego se hacían escalas y cuando alguien conseguía alcanzar una etapa superior, tenía el derecho a una muesca en su revolver, o un garabato de colores en su guitarra, para que todo el mundo supiese de una sola vez que sabía algo más que los demás.

Esta explicación fue seguida por una agria discusión entre dos ´chéveres´, diciendo el uno que él tendría su guitarra llena de colores y el otro, que a él le gustaban las guitarras sencillas, porque ‘los cafeteros son gente sencilla’. Se formó un tumulto, por lo que fueron castigados ambos dos y un tercero, que quería hacer de juez sin el permiso de nadie, a elucidar el asunto de la soberanía en ámbitos guitarristas. Es cierto que yo pensaba que ´chévere´era un nombre, y que los tres eran primos y me dijeron que ‘no, que noo hacían el primo, que solo estaban discutiendo’.

El proyecto ‘guitarra’ fue consiguientemente concebido al mismo tiempo que Bierhouse, que mientras tanto había sido asumido por alguien de la república federal alemana, que daba nada más y nada menos que la receta original de la cerveza alemana (Pilsener) a cambio de poder participar en el proyecto, ya que se rumoreaba que Alemania del Sur se estaba intentando quedar con el ejército alemán y había que evitar el desenlace a través de una presencia subrayada de la parte norte de Alemania (razón por la que ondea el famoso águila germano sobre la bandera alemana en el Bierhouse).

La inglesa, que cuchicheaba con los directores de Cambridge, a su vez involucrados en el proyecto Scuba Diving, dijo que ‘sí, claro, hace falta un emperador, pero lo que a mi me extrana es de donde han sacado esa información los indígenas de Montanita.’ La información provenía de los libros que se habían conseguido tras la huída de los monjes, todos textos de leyes de muchos siglos antes y causa de la inmediata aceptación de la Ley de Zona Franca por parte de los lugarenos, ya que constaba entre las leyes soberanas sin especificación (había que ir a Madrid para conseguirla y estaban intentando saber cuanto costaba el pasaje), y las leyes soberanas, decía otro libro ‘son las únicas que hay que considerar con la debida seriedad’. “Y no vayan a decir que estamos haciendo una revolución otra vez, porque somos jueces con reconocimiento nacional que nos han apuntado en algún lugar que se llama Washino y es muy importante.”

Bueno.

Y si se podía saber, de dónde habían sacado al emperador. “Debe venir necesariamente a Zona Franca, para legalizar la situación formalmente.” Como los ingleses debían asumir la verbalización de una condena de la iglesia católica que habían pronunciado en público, admitieron a voz alta que reconocían necesariamente al emperador en cuestión, pensando que era una autoridad indígena de algún rango que podía de algún modo con el del emperador. De ese modo delegaban el juicio sobre el emperador que había dicho, por otro lado, que sí, que admitía la validez del triple argumento. “Such reasonable people, these indiginous of this country.” (Qué gentes más razonables, los indígenas de ese país.) Suspiró la inglesa.

Cambridge, que había llegado al tertulio para validar un privilegio que habían adquirido hacia la bolsa de diamantes que consistía en financiar proyectos propios a través de esta dentro de ciertos requisitos, diciendo que como la presidencia de la bolsa había cambiado de manos, quizá la nueva aprobaría su proyecto, andaba estudiando los factores culturales que siempre les faltaban en sus proyectos – y razón por lo que se les denegaban -, para conseguir la aprobación de la bolsa de diamantes. Como, sin embargo, querían subir de rango y obtener cierto conocimiento legal que les permitiese orientarse en la jungla donde se habían metido, necesitaban presentar otro proyecto, que debía ser irrverente o subversivo, manteniendo todo carácter legal al mismo tiempo y se decidieron finalmente por robarle legalmente la lógica simbólica a Oxford, haciendo un proyecto de lógica aleatoria que ‘en si contiene necesariamente el uso de lógicas más fundamentales’. Ese proyecto me fue colgado de nuevo sobre la espalda cual monigote hispano del 28 de diciembre a causa de los estudios conjuntos (con los sumo japoneses) del factor irracional en lógica matemática. Debía yo adivinar con qué búsquedas se encontraría la página aprobada y estallé en carcajadas y les dije que la adivinanza estaba prohíbida en la bolsa de diamantes. “La adivinanza, sí,” dijeron finalmente, “pero no el presagio.” Volví a reirme.

Finalmente fueron los lugarenos quienes se decidieron por ayudar a su escuela, como la llamaban, porque iban a venir unos senores con unos libros en idiomas extranjeros que se entendían en Washino, y había que estudiar si esas gentes realmente eran de juicio o muy fuera de él, y no había que molestar a esos senores ni en lo más mínimo, no fuese que se espantasen y terminasen por no venir. Consiguientemente dijeron que ‘Montanita hamburguesas’ y otra búsqueda caerían sobre la página en un breve espacio de tiempo, que se fijó en dos a tres semanas, porque en cuestiones de ciencia hay que ser preciso con mucha exactitud.

El proyecto Cambridge 2, pasó consiguientemente sus exámenes hace unos días, lo que permite a la Universidad el acceso a legislaciones soberanas particulares, en concreto, aquella concerniendo la bolsa de diamantes.

Bierhouse se convertiría de ese modo en un prototipo de bar sirviendo a la presentación de cierta calidad de artistas, reuniones nómadas de cantantes o gentes tocando un intrumento, a cambio de una propina, en relación soberana, y sin que Rony supiese jamás lo que se estaba planeando a sus espaldas, lo que a todo el mundo pareció una adaptación nacional de la estrategia subversiva de Cambridge, “ya que ellos siempre tenían que pagar cuando venía algún cantante, y aun no sabían hacer la diferencia entre los sucres, los céntimos, las perras gordas y los ducados, por lo que había que tener mucho cuidado con el uso de las monedas.”

El asunto de la guitarra fue resuelto diciendo que el de la guitarra de colores admitía una influencia extranjera marcada, y el de la guitarra sencilla un apego por la costumbre local o nacional, ambos pudiendo aspirar a ciertas categorías internacionales, cada cual dentro de su dominio propio y sin volver a pelearse nunca jamás, cuya prueba debía obtenerse de por un encuentro más o menos casual en Montanita aquel mismo día, si posible y si se acertaba, en el que el Bierhouse se hiciese famoso saliendo en una página de colores, a deseo expreso de la brujis. Razón por la que se encuentran unos cuantos munecos figurando brujas en la entrada del local: que yo llamaba a Matuhí una brujis.

Aunque las fotos no son excelentes, quizá se perciba la diferencia de las guitarras.

Como si no fuera poco, entraron en el tertulio los de la clase A, B, C de cocina, los de las fotos significativas, porque no deben ser de excesiva calidad, y los de la publicidad para la Pilsener, que se me encargó a su vez, debiendo las gentes decidir cual de las fotos le parecía más adecuada para la publicidad. Los suecos apuntaron un proyecto llamado ´foto subversiva´porque les habían prohíbido una cámara de fotos que hacía diferencia de intensidad de luz a causa de encontrarse en infracción con respecto a las leyes marciales internacionales. “Usted cree que se pueda?” “Por poder …” De hecho hay una ley en cuyo conocimiento están solo los generales de cinco estrellas, de los que cada uno puede decidirse por alguna en particular, teniendo yo exactamente aquella que resolvía el problema sueco. Está prohíbido revelarla, pero si la foto aparecida en ‘Pescado fresco’ mostrando la línea triple de barcos pesqueros en el horizonte inspira algo que pareciéndose a la ley, no la refleja exactamente, pueden los suecos recuperar la relación militar internacional, salvándose in extremis de la acusación de ejército subversivo.

O sea que perderemos alguna palabra más sobre un proyecto u otro, entre los que puedo mencionar de antemano: la disputa culinaria franco italiana, la categoría de los delicatessen, Cambridge en Montanita, Scuba Diving, medicina alternativa, y alguno más que se nos ocurra por el camino.

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