Comedor Nina

Tenían un campo de cultivo de fruta con su padre. Entre las que no se encontraba el coco porque no lo cultivaba nadie, sino que se caía de los árboles, según la autoridad eclesiástica. Consiguientemente no se autorizaba su comercialización. Peor. El coco en cuestión no tenía nombre. Fue Sixto quien lo bautizó coco de Manila, un coco local con la carne más blanda que lo habitual y que hoy en día traen en camiones que los venden en las calles.

Sixto se fue a recorrer mundo aunque nunca salió de sus fronteras y volvió hace unos anos, cuando Montanita empezaba a pegar fuerte. Compuso la antigua casa familiar y dispuso de lo necesario para un comedor. Desayunos, platos locales, carnes, pescado y pollos. Y algún marisco. Cuando está de humor. “A mi no me interesa ganar dinero. Lo que quiero es que el día pase apaciblemente.”

Sus platos a la carta se venden entre los 3 y 5 USD.

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